Andrés Atenas.

Harto nutrida la reacción a lo de la “nueva derecha”. Lo mismo que con la “nueva izquierda”, cada cierto tiempo se repite el estribillo. El punto es: ¿en qué consiste? Ahí se ha angostado la exposición de ideas.

Curioso: las respuestas iniciales no surgieron de políticos de derecha, poco duchos en historia, incluso de su propia historia y, en cambio, se han dado en cartas a estas páginas. Existe una capa tectónica latente de derecha en la sociedad española, que alcanza a lo profundo de la sociedad tanto en sentimientos como en razones, pero no siempre se expresa en su clase política.

A la derecha le ha sido siempre consustancial la presencia de dos almas, la conservadora y la liberal. La primera nace como escepticismo ante el afán de recrearlo todo desde la nada, regresando antes a cero; la segunda, de la convicción de que antes que en un construccionismo a partir de los poderes públicos, se debe poner el acento en la autodeterminación del hombre, provisto de libertad y (muchas veces) de recursos hablamos de recursos financieros y desde hace poco tecnológicos.

Como todo está habitado también por sus deformaciones y exageraciones, el alma conservadora puede devenir en reaccionaria, temerosa de cambios y, por lo tanto, paralizada ante el devenir, sin entender que el auténtico conservador responde a los cambios con algo nuevo, que es renovación de lo permanente.

La exageración del liberal reside en poner el acento sólo en la autocreación del individuo todopoderoso, o que se cree tal; del “todo vale”; de la ausencia de constreñimientos o escrúpulos sociales y morales. El conservador tiende a ver la libertad como un problema en sí mismo; el liberal la supone como lo más natural del mundo, sin ninguna problematización, casi como necesidad fisiológica. En el mundo, desde el siglo XX hasta ahora, entre el alma liberal y el alma conservadora de la derecha moderna se ha creado la síntesis de derechos y deberes -en lo que consiste todo orden social.

            Su contraparte es la izquierda, que propende a una sociedad más igualitaria e ideal y fue la que surgió primero. También ha tenido varias almas. La política moderna ha dependido de esta relación, y no pocas veces la derecha asumió políticas de izquierda, y ésta hizo lo mismo con las de derecha. España ha tenido una rica experiencia en este sentido.

El problema es que ahora vivimos en una época en la que se han difuminado la diferencia derecha-izquierda mejor dicho nuevas izquierdas y nuevas derechas, y a muchos todo les parece un cambalache. Zapatero defendiendo los recortes de presupuestarios, creando mas desempleo y desigualdad y el Gobierno Valenciano mediante Rafael Blasco defendiendo a los inmigrantes no solo por sus innegable aporte económico a la economía Valenciana y el rejuvenecimiento de la población de la población española sino por ser simplemente personas. Se debe reconocer la profecía de Nicanor Parra de 1972: “La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”

            ¿Tiene sentido esta distinción? En los hechos, se utiliza mundialmente para comprender los significados a primera vista invisibles de las alternativas políticas. Es una manera de depurar estrategias y finalidades políticas, como imperceptibles, puntos cardinales irreemplazables para orientarse en el eterno dilema de la sociedad humana. Es la verdadera dialéctica, aquella del dilema entre el cambio y la permanencia, que nunca se resolverá, ya que pertenece al corazón de la existencia histórica. ¿De cuánto cambio requerimos, o de qué alternativa a ese cambio? Se elegirá -es de esperar- según nuestros conocimientos rigurosos. Éstos no nos liberan de la elección, guiada también por preferencias generales, valores, apreciaciones, aunque no se puedan resumir en escuálidas y tristes  consignas.

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