China ante el nuevo milenio.

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China celebró el lunes el 30 aniversario de la creación de la zona económica especial de Shenzhen, un pueblo de pescadores que se convirtió en una gigantesca metrópolis pionera del “milagro” chino, según el presidente Hu Jintao.

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En contra de lo que muchos opinan yo no creo que China hoy sea un peligro para Europa, los europeos tenemos otras amenazas más acuciantes.

Actualmente aunque no lo parezca China está en una fase prerrevolucionaria, equivalente a la de la URSS de fines del siglo pasado.

Su economía depende de la de EEUU y eso es un enorme riesgo para ella.

China sabe de EEUU más que nadie en la actualidad, por eso está cambiando sus bonos y acciones en dólares por sus equivalentes en €uros, sabe que el dólar se va a hundir en cualquier momento y cuando suceda arrastrará a China con él.

Pretende abandonar el barco que se hunde, no lo ha hecho ya por sus enormes reservas en dólares y porque sus industrias aun no producen  productos para el consumo interno, pero pronto lo hará.

Deberá hacerlo si quiere mantener fiel a su clase media al gobierno de la CASTA PARASITARIA CHINA, lo del comunismo chino es un cuento, los chinos nunca han sido comunistas, ni siquiera Mao.

Aplican la forma de gobierno confuciano para hacer renacer su Imperio del Centro (ellos siempre se han considerado el centro del mundo)

No creo que puedan integrar a su clase media, eso es contradictorio con todo lo que intentan defender, así que más pronto que tarde esa clase media se enfrentará al poder de la CASTA PARASITARIA CHINA, lo que obligará a esta a darle más bienes.

Sólo podrá darles más bienes incrementando el valor del yuan y disminuyendo enormemente sus exportaciones.

Lo que permitirá el renacer de las industrias europeas y de EEUU.

China dejará de ser un problema económico, como lo es ahora, durante una o dos generaciones dejará de expandirse por el mundo, pero luego su poder económico se basará en exportaciones de alto valor añadido, producidos por una clase media triunfante y poderosa, entonces China empezará a ser muy peligrosa, mucho más peligrosa que ahora para los europeos.

Espero que para entonces los europeos hayamos dejado de hacer el imbecil y formemos una republica federal fuerte y unida capaz de imponer respeto a esa nuevo Imperio Chino, de forma que se decida a expandirse hacia el sureste y no hacia el noroeste.

Los europeos deberíamos empezar a trabajar en nuestra integración a un ritmo superior al actual, pues si no lo hacemos así dentro de 100 años tal vez de Europa no quede ni el nombre.

China se ha proclamado como el país líder en el mercado mundial del automóvil y lo ha hecho sacándole una mayor ventaja a su principal competidor, Estados Unidos, y en medio de una crisis global que no ha sido benévola con nadie. En un sector donde todos han sufrido, los orientales han logrado una especie de ‘milagro’ económico que tiene su justificación.

Hechos que pasaron a la historia (6): Revolución islámica en Irán

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Ricardo Osvaldo Rufino  mir1959@live.com.ar 

 

“No me daba cuenta de lo que estaba pasando. Cuando me desperté, ya había perdido a mi pueblo”, dijo el Sha Muhammad Reza Pahlevi tras su derrocamiento en 1979.

Durante dos décadas, el monarca intentó sacar a Irán de la época feudal. Redistribuyó la tierra, redujo el analfabetismo y disminuyó la represión tradicional que sufría la mujer. Empleó los ingresos provenientes de las abundantes explotaciones de petróleo con que contaba la nación, para diversificar la industria y construir viviendas. Sin embargo, concedió libertades políticas a los iraníes y, al mismo tiempo, los aterrorizó con una policía secreta entrenada por la CIA. Desvió grandes sumas de dinero para enriquecimiento personal e ilícito. Sus reformas progresistas ayudaron más a los campesinos ricos que a los pobres. Construyó carreteras pero no alcantarillas. Su campaña de occidentalización cultural ofendió a la poderosa casta religiosa musulmana chiíta, que había perdido buena parte de sus propiedades con la reforma agraria.

En 1978, empezaron a realizarse manifestaciones masivas protagonizadas por musulmanes fundamentalistas, izquierdistas y defensores de los derechos humanos que pedían la expulsión del Sha. Las protestas estaban organizadas desde Francia por el Ayatollah Jomeini, famoso líder religioso iraní, exiliado desde 1964. El alzamiento continuó hasta el año siguiente obligando al Sha a huir en enero de 1979. Dos semanas después, el Ayatollah regresó a Irán y formó un gobierno provisional. En abril, tras unas elecciones fraudulentas, que fueron boicoteadas por los partidarios del laicismo, proclamó la República Islámica de Irán.

El nuevo régimen ejecutó a cientos de funcionarios del Sha y combatió a los izquierdistas y a las minorías que se oponían. Proliferaron las medidas dictatoriales,  se prohibió la música laica, se obligó a las mujeres a llevar la cabeza cubierta y la blasfemia se convirtió en un delito capital. Sin embargo, la ira más encendida fue para Estados Unidos, el principal aliado de Reza Pahlevi. A fines de octubre, cuando el monarca se trasladó a EE.UU. para tratarse un cáncer, millones de iraníes se manifestaron pidiendo su extradición.

El 4 de noviembre, un grupo de estudiantes asaltó la Embajada estadounidense de Teherán y capturó a sus 66 ocupantes. Los que no eran estadounidenses, los negros y la mayoría de las mujeres fueron liberados enseguida, pero 52 personas fueron retenidas durante 444 días, a pesar de la muerte del Sha a mediados de 1980. El episodio que pasó a la historia con el nombre de “La crisis de los rehenes” provocó la expulsión de moderados de los altos cargos del gobierno de Jomeini, la derrota electoral de Jimmy Carter y, ya con Ronald Reagan al frente de la flamante administración, una nueva era de la política estadounidense.

Esto es lo que afirma la página ArteHistoria sobre este episodio trascendental de la reseña de la humanidad:

“La Revolución islámica, que en 1979 supuso el final del régimen del sha y estableció un nuevo régimen en Irán, fue un acontecimiento inédito y sorprendente en la Historia del siglo XX. En primer lugar, verdaderamente fue una revolución, en el sentido de un movimiento subversivo popular que fue capaz de derribar un régimen establecido, a diferencia de tantos golpes militares que, en naciones subdesarrolladas o semidesarrolladas, tuvieron un resultado semejante pero sin la participación de las masas ni consecuencias tan radicales. Por otro lado, fue la primera ocasión en que el uso político del Islam desempeñó un papel absolutamente primordial y aun exclusivo superando con mucho al que pudo tener en otro tiempo el nacionalismo de los países que habían superado el colonialismo.

Conviene resumir brevemente cómo se tradujo su victoria. Los ‘hombres religiosos’, unas 150.000-200.000 personas, siempre han tenido en Irán un papel que supera el estrictamente religioso pero en los últimos tiempos su papel creció de forma muy considerable: encuadraron la población, dirigieron bancos, ejercieron como poder judicial y llevaron a cabo buena parte de la asistencia social. Desde la revolución el papel de los sindicatos desapareció. La clase obrera era de formación reciente: en 1976 aún el 34% de la población activa estaba dedicada a la agricultura. El medio campesino y rural no participó en la revolución ni dio tampoco la sensación de que se había alejado del régimen monárquico. La mujer, en cambio, participó en la revolución de un modo y en una proporción desmesurada hasta el punto de que un 20% de los prisioneros en las cárceles del sha eran mujeres”.

Según el historiador Eric Hobsbawm la Revolución iraní introdujo una novedad en la historia del siglo XX, al ser la primera revolución contemporánea que no tuvo sus raíces en la ilustración europea, como sería el caso de las revoluciones de corte nacionalista, liberal o socialista, herederas más o menos directas de la tradición revolucionaria inaugurada por la Revolución. francesa

El éxito de la revolución iraní inspiraría y patrocinaría, en el futuro,  la formación de organizaciones yihadistas como Hezbollah en el Líbano.

En el aspecto económico, la Revolución iraní conjugada con la guerra con Irak fue el detonante de la Segunda Crisis que se produjo entre 1979 y 1981. del petróleo

Traidores y también imbéciles

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Ricardo Osvaldo Rufino   mir1959@live.com.ar

 

 Durante muchos años escuché,  leí y observé en mi país, la República Argentina,  a numerosos políticos, pensadores, periodistas, escritores, economistas, etc. que afirmaban con absoluta elocuencia y convencimiento que la solución de fondo a nuestros problemas perennes pasaba por desarrollar una política que favoreciera y fortaleciera el mercado interno, esto es que le proporcionara capacidad adquisitiva a la población, y fundamentalmente a aquellos que son trabajadores asalariados y viven de un ingreso fijo. Una política que sostuviese una línea económica autónoma e independiente de los grandes centros de poder internacional. También señalaban (por ejemplo, recuerdo a importantes analistas del diario Clarín, hoy enfrentado al kirchnerismo) que el gobierno que estuviese a cargo de la administración del país debía impulsar una estrategia auténticamente nacionalista, que defendiera el verdadero interés de las empresas nacionales, sean estas estatales o privadas, y de los productos que se fabricaban aquí. Solicitaban que se defendiese de verdad a los derechos humanos a través de leyes permanentes que fuesen aprobadas por el Congreso de la Nación, que se apoyara a la ciencia y a la tecnología y se estimulase a cientos de investigadores y científicos diseminados por el mundo a regresar a nuestra patria a brindar sus conocimientos y experiencia, que se facilitara el accionar de los exportadores porque estos eran los que se iban a encargar de traer las divisas que la nación requería para crecer… Que había que terminar definitivamente con las desconfianzas mutuas con Brasil y Chile, especialmente, y todos nuestros vecinos limítrofes, y arribar a acuerdos que posibilitaran trabajar conjuntamente con los países hermanos. También aconsejaban colocar a los militares “en caja”, para que éstos comprendiesen de una vez y para siempre que nunca más sería posible un golpe de Estado en Argentina.
Muy bien, ahora (desde la época de Néstor Kirchner, que tomó el poder el 25 de mayo de 2003, y en este momento con la presidenta Cristina, que culmina su mandato el 10 de diciembre de 2001) estamos visualizando la concreción y efectivización de todas estas medidas mencionadas, que muchos argentinos –me incluyo- soñamos durante lustros enteros para nuestra querida patria. Y que temimos que nunca jamás las veríamos llevadas a la realidad…
Y muchos de esos que las peticionaban fervientemente y las reclamaban, ahora se ubican en la vereda de enfrente. Vaya a saber por qué. Porque son, seguramente,  traidores y también imbéciles. Porque el país, para mi modo de ver, y gracias a la puesta en marcha de estas medidas está mejor que nunca.
Seguramente les molestará que los trabajadores estén relativamente bien, que tengan un peso en el bolsillo, que puedan vacacionar, etc. En el fondo creo que son “gorilas”, y les duele que los pobres estén mejor -no digo bien, digo mejor-, y que se les dibuje una sonrisa en el rostro…

Hechos que pasaron a la historia (5): La crisis del canal de Suez

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Ricardo Osvaldo Rufino   mir1959@live.com.ar

Gamal Abdal Nasser fue presidente de Egipto de 1956 a 1970. Su gran sueño consistió en aunar a los divididos pueblos árabes bajo el liderazgo egipcio para plantar batalla al enemigo irreconciliable, Israel, y lograr la verdadera independencia de su país, tanto en el campo político como el económico, perdida de hecho desde que las invasiones persas derribaron al último faraón hacía 2.500 años. Nasser desarrolló la reforma agraria (puesta en marcha el 8 de septiembre de 1952) y sometió la actividad económica al Estado. Nasser dirigió personalmente las negociaciones con el Reino Unido para la retirada de sus tropas del Canal de Suez, concluidas con acuerdo el 19 de octubre de 1954.

Gamal Abdal Nasser convirtió a Egipto en un estado socialista con un único partido, se negó a unirse al pacto soviético de Bagdad y reconoció a la China comunista. Como Occidente no quiso proporcionarle armas, las compró a la Unión Soviética, pero declaró su independencia de ambos bandos de la Guerra Fría. Mientras estas osadías convertían al dictador en un héroe en los países en vías de desarrollo, suscitaron la cólera del resto del mundo. El resultado fue la Crisis de Suez en 1956: que culminó con una derrota militar pero una victoria diplomática.

Puntal de los proyectos de desarrollo era la gran presa de Assuán, en la primera catarata del Nilo, con el fin de producir la electricidad requerida y así ganarle porciones de territorio al desierto para el cultivo. Precisamente, la crisis del canal de Suez estalló cuando Estados Unidos y Gran Bretaña retiraron los préstamos para la construcción de la presa alta de Assuán. La respuesta de Nasser al boicot occidental fue espectacular y provocó un terremoto internacional: el 26 de julio anunció en un discurso en Alejandría la nacionalización del canal y la prosecución del proyecto de Assuán sin los fondos solicitados. Nasser quiso así presionar a Occidente como el medio de obtener la financiación de la presa y de paso ganó la adhesión entusiasta de las masas árabes, convirtiéndose en el campeón del emergente Tercer Mundo. Pero su osada apuesta tenía gravísimas implicaciones económicas y estratégicas para el Reino Unido y Francia, los principales accionistas del canal.

Alarmados, los gobiernos británico y francés negociaron secretamente con el israelí (interesado por su parte en poner fin al cierre de Suez para sus buques, vigente desde 1949, y al más reciente del Golfo de Akaba, la salida al Mar Rojo, desde septiembre de 1955) la organización de un ataque conjunto contra Egipto para librarse de Nasser, su enemigo común. El complot militar quedó decidido en una conferencia en Sêvres los días 22-24 de octubre. El plan establecía que Israel invadiría el Sinaí; las operaciones militares pondrían en peligro la seguridad del Canal, ante lo cual Londres y París instaron a Israel y Egipto a poner fin a las hostilidades; Israel aceptó y Egipto, presumiblemente, no, ofreciendo el pretexto para la intervención franco-británica dirigida a ocupar el canal.

La ofensiva israelí comenzó el 29 de octubre con un ataque sorpresa que hizo grandes progresos en el Sinaí y penetró hasta las cercanías del canal a la altura de Ismailía. El día 30 Londres y París presentaron su ultimátum, Egipto lo rechazó y al día siguiente los aliados comenzaron a bombardear los aeródromos egipcios y enviaron paracaidistas a Port Said e Ismailía, a las que se sumó Suez el 5 de noviembre.

Nasser no tenía ninguna posibilidad de derrotar militarmente a sus atacantes pero la indignación internacional y las presiones conjuntas de EE.UU. y la URSS para el cese de la intervención jugaron a su favor. La ONU exigió la retirada aliada y reconoció la soberanía egipcia sobre el Canal, el 6 de noviembre se llegó a un alto el fuego y el 22 de diciembre reembarcó el cuerpo expedicionario franco-británico. Nasser completó su victoria al año siguiente con la retirada israelí del Sinaí, una vez obtenido de parte del gobierno judío (el 29 de marzo de 1957) el levantamiento de los bloqueos navales de Suez y Akaba. La ONU condenó la invasión y envió soldados para garantizar el alto el fuego. Egipto estuvo de acuerdo en compensar a la antigua Compañía del canal de Suez y mantuvo en su poder el canal. La presa fue concluida en 1970 con la ayuda soviética. Israel se vio obligado a devolver el territorio que había ocupado, y Gran Bretaña y Francia perdieron buena parte de sus posesiones en Oriente Medio. El prestigio de Nasser, que había desafiado a tres ejércitos y obtenido beneficios, aumentó más que nunca.

Los años inmediatos a la crisis de Suez marcaron el apogeo del Egipto nasserista y el fortalecimiento de la colaboración con la URSS. Fuerzas políticas y movimientos militares tomaron el discurso panarabista y socialista del rais en otros países de la región. El 1 de febrero de 1958 Nasser y su homólogo sirio Shukri al-Kuwatli anunciaron en El Cairo la unión de ambos países en un solo Estado que tomó el nombre de República Árabe Unida (RAU), al que sumó Yemen el 2 de marzo. Sin embargo, en Siria pronto surgió descontento por el centralismo egipcio y el autoritarismo del ejecutivo presidido por Nasser, y el 28 de septiembre de 1961 un golpe de Estado militar en Damasco provocó la separación del país. Nasser no se opuso al hecho y mantuvo el nombre de RAU para Egipto.

El último servicio de Nasser a la nación árabe fue su mediación en el Septiembre Negro jordano, la sangrienta guerra civil entre el ejército hachemita y los fedayin palestinos de la OLP. El 27 de septiembre de 1970 consiguió en El Cairo que el rey Hussein y Arafat firmaran un cese de hostilidades, pero a pesar de su amplia sonrisa durante el acto, gesto que siempre acompañó a su exuberante personalidad e imponente físico, Nasser estaba agotado y al día siguiente, 28 de septiembre, un fulminante ataque cardíaco acabó con su vida. El 1 de octubre cinco millones de egipcios rindieron, entre escenas de histeria, homenaje a su líder desaparecido, luto que fue mantenido en muchos países de Oriente Próximo, África y el mundo islámico en general.

Hechos que pasaron a la historia (4): Asesinan a John Kennedy

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Ricardo Osvaldo Rufino  mir1959@live.com.ar

 

John Fitgerald Kennedy asumió la presidencia de los Estados Unidos de América en 1961, liderando el Partido Demócrata. En las elecciones que le posibilitaron llegar a la primera magistratura de su país, se impuso al candidato del Partido Republicano, Richard Nixon. Fue el primer presidente católico de Estados Unidos e inauguró un nuevo estilo político: gobernó con un grupo de consejeros y colaborados integrado por científicos y especialistas de cada área, aumentó el presupuesto estatal para financiar planes de desarrollo, la carrera espacial y el bagaje armamentístico.

En el plano económico, incentivó la mayor competitividad de las empresas y aplicó medidas para mejorar la agricultura. Se produjeron conflictos con los grandes empresarios del acero, por la reducción de tarifas aduaneras a los productos provenientes del Mercado Común Europeo, que competían con los norteamericanos.

Pero el mayor conflicto se produjo por los problemas y las tensiones raciales. La minoría negra venía luchando por una real integración en la sociedad. A pesar de una serie de leyes que se habían dictado en 1954 –que propiciaban igualdad de oportunidades en el ámbito escolar y una explícita condena a la discriminación en los medios de transporte- la realidad demostraba que la segregación racial continuaba existiendo, sobre todo en los estados del sur (Arkansas, Mississippi, etc.). Esta situación preocupaba, muy especialmente, al gobierno del presidente Kennedy.

Este debió enfrentar la fuerte resistencia de los sectores conservadores cuando intentó favorecer a la minoría negra, privada de los derechos más elementales. La oposición logró que la sanción de la ley de derechos civiles se postergara hasta 1964, tras las multitudinarias manifestaciones populares encabezadas por el líder pacifista Martin Luther King (nacido en 1929 y asesinado en 1968). En su más famoso discurso pronunciado, esto fue lo que dijo:

“Yo tuve un sueño. Soñé que un día esta nación se alzará y vivirá de acuerdo con las verdaderas convicciones de su credo. Nosotros proclamamos esta verdad: todos los hombres son creados iguales”.

El pacifismo de Luther King fue desbordado posteriormente por otras organizaciones negras, como la encabezada por Malcom X o la de los Panteras Negras, creada en 1966, que utilizaron la violencia como respuesta a los grupos blancos también violentos, como el Ku Klux Klan.

Otros problemas que tuvo que enfrentar la administración Kennedy fueron la oposición por el intento de invasión a Cuba y el envío de 10 mil asesores militares a Vietnam del Sur.

En otoño de 1963 Kennedy comenzó a planificar su estrategia para la reelección. Viajó por todo el país alabando la mejora de relaciones con los soviéticos. El 22 de noviembre de 1963, mientras viajaba en un automóvil descapotable por una arteria de Dallas (Estado de Texas), Kennedy recibió varios disparos en la cabeza y en el cuello, a consecuencia de los cuales falleció. Una comisión encabezada por el presidente del Tribunal Supremo Earl Warren (Comisión Warren), llegó a la conclusión en septiembre de 1964 de que el único asesino había sido Lee Harvey Oswald, antiguo soldado estadounidense. Oswald, que fue detenido horas después del asesinato en un cine próximo, fue asesinado dos días después por el propietario de un bar nocturno de Dallas, Jack Ruby, mientras era conducido desde la ciudad a la prisión del condado.

Las investigaciones posteriores sugirieron la firme posibilidad de que a Kennedy le dispararan al menos dos francotiradores, de frente y por detrás, lo que confirmaba las impresiones de la mayoría de los testigos oculares. Se identificaron varios posibles promotores del magnicidio, incluida la mafia y los exiliados cubanos descontentos.

John Fitgerald Kennedy fue enterrado en el Cementerio de Arlington. Ha sido el único presidente de los Estados Unidos que ha fallecido antes que sus padres. Es también el único presidente que ha fallecido antes que sus abuelos. Su abuela, Mary Josephine Hannon Fitzgerald, falleció en 1964, solo ocho meses y medio después de su asesinato.

El asesinato tuvo un gran efecto en muchas personas no sólo en los EE. UU., sino en todo el mundo. Muchos recuerdan vivamente donde estaban en el momento en que se enteraron de que Kennedy había sido asesinado, como ocurrió antes con el Ataque a Pearl Harbor, y como ocurrió después con los atentados del 11 de septiembre de 2001. El embajador estadounidense ante la ONU, Adlai Stevenson, dijo sobre el asesinato: “Todos nosotros… cargaremos con la pena de su muerte hasta el fin de nuestros días”.

 Un hecho a destacar: la muerte del Presidente Kennedy y los misterios en torno a los culpables de su asesinato mantienen una influencia esencial en cuanto a la marcada pérdida de fe del pueblo estadounidense en la política, punto remarcado por destacadísimos periodistas como Gore Vidal y Arthur M. Schlesinger, Jr. Esta muerte junto con las posteriores, de su hermano, el senador Robert F. Kennedy y el de Martin Luther King, formaron una tripleta que desilusionó a la población en cuanto a la transparencia de los métodos que se emplean en el ambiente político del gran “país del Norte”

Hechos que pasaron a la historia (3): La muerte de Stalin

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Ricardo Osvaldo Rufino   mir1959@live.com.ar

 

El 5 de marzo de 1953 el pueblo soviético no sabía si lamentar o celebrar la muerte de Joseph Vissarionovich Stalin, de 73 años. Stalin, a la vez odiado como déspota y adorado como un dios, había gobernado la Unión Soviética durante 29 años. Consiguió ganar la guerra y mejorar la industria de un país extensísimo, pero también organizó asesinatos masivos e impuso de manera cruel la colectivización agraria.

Fue el máximo líder de la Unión y del Partido Comunista de la Unión Soviética desde mediados de los años 1920 hasta su muerte en 1953. de Repúblicas Socialistas Soviéticas

A la etapa histórica de Stalin se la llamó estalinismo.

Dirigió la construcción del socialismo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que pasó de ser un país rural a una potencia industrial. El nivel de vida de la población se elevó. En contraparte, dirigió un régimen represivo de la población, caracterizado por la presencia de campos de trabajo, campañas de represión política, y deportaciones. Diversos historiadores estiman que las víctimas del régimen de Stalin oscilan entre 4 y 60 millones de muertos.[]

Durante el gobierno de Stalin, la Unión Soviética desempeñó un papel fundamental en la derrota de la Alemania Nazi en la Segunda Guerra (1939–1945), tras la cual llegó a ser considerada una superpotencia. Mundial

A las diez de la noche del domingo 1 de marzo, su mayordomo abrió la puerta de su habitación y le encontró tendido en el suelo, vestido con la ropa que llevaba puesta ese día y sin apenas poder hablar. Se llamó a los miembros del Politburó, que lentamente fueron acudiendo a la dacha (casa de campo) de Stalin, pero nadie llamó a un médico. Finalmente, pasadas 24 horas, Beria hizo venir a algunos doctores que dictaminaron que Stalin había sufrido una apoplejía y había caído fulminado.

La agonía de Stalin se alargó varios días más. En ocasiones abría los ojos y miraba furibundamente a quienes lo rodeaban. Se cuenta que en estos momentos Beria le cogía de la mano y le suplicaba que se recuperase, pero cuando volvía a desvanecerse le insultaba y le deseaba una dolorosa muerte. El día 4 aparentó una súbita mejoría y una enfermera comenzó a darle de beber leche con una cuchara, lo que hizo que el enfermo señalase un cuadro que había sobre la cabecera de su cama, donde una niña daba leche a una oveja. En ese momento, sufrió un nuevo ataque y entró en coma. Los médicos que atendían a Stalin le practicaron reanimación cardiopulmonar en las diversas ocasiones en que se le detuvo el corazón, hasta que finalmente a las 22:10 del día 5 de marzo no consiguieron reanimarle. Según algunos testigos, los enfermeros siguieron esforzándose hasta que un lacónico Khrushchev dijo: “Basta, por favor… ¿No ven que está muerto?”.

En el contexto del clima de paranoia oficial que Stalin siempre se encargó de fomentar, sus posibles sucesores –Malenkov, Molotov, Beria, Bulganin y Nikita Khrushchev, que sería el finalmente elegido- actuaron con suma cautela. Se pidió a la población una y otra vez que permaneciera en calma y unida. El temor al disenso, al caos y al alzamiento saturó al Kremlin ante la desaparición física del hombre que había gobernado con mano de hierro a la segunda potencia mundial.

Finalmente un triunvirato integrado por Malenkov, Beria y el ministro de Asuntos Exteriores, Molotov, asumió el control gubernamental. Beria, jefe de Seguridad Interior, planeaba hacerse con el mando, pero Khrushchev, presidente del Comité Central del Partido Comunista, y Malenkov se unieron para impedirlo. En julio lo arrestaron por complicidad con el terror estalinista y fue condenado y ejecutado.

La acción fue escandalosa: era como condenar al mismo Stalin. Además, si Beria era culpable, Khrushchev y Malenkov también lo eran. Cuando el partido avanzó hacia el proceso político conocido como desestalinización resultó imposible determinar si los líderes del país estaban dirigiendo una revolución o un nuevo tipo de purga.

Después del fallecimiento de Stalin, el nuevo Secretario General del PCUS Nikita Khrushchev, inició un proceso por el cual se denunció el eufemístico “Culto a la persona”. Esto dio inicio a la desestalinización, por el cual se denunciaron los crímenes cometidos por Stalin en contra del Estado Soviético y el Partido Comunista. Su punto culminante sucedió durante el XX Congreso del PCUS en 1956, en el cual Khrushchev pronunció al cierre del mismo, el conocido Discurso Secreto. En lo que respecta a éste, el historiador ruso Roy Medvedev, autor del libro “Stalin: que juzgue la historia”,  escribió lo siguiente:

“Khrushchev, por supuesto, había participado de cerca en las represiones de Stalin, pero también ignoraba la mitad de lo que estaba sucediendo. Todo el sistema estalinista de gobierno estaba construido sobre la base del secreto absoluto en el que sólo el Secretario General mismo conocía todo el panorama. La base del poder de Stalin no era el terror sino el total monopolio de la información. Khrushchev, por ejemplo, quedó pasmado cuando descubrió que en los años 1930 y 1940 aproximadamente 70% de los miembros del partido fueron aniquilados”.

 En Occidente Stalin es visto como un dictador tiránico y brutal y, a pesar de ello, se conservan varios partidos que se autoproclaman estalinistas

Presuntos traidores, imbeciles y mentirosos.

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Lo que es verdaderamente importante en el caso Wikileaks es que el mundo diplomático y político está lleno de traidores.

Traidores que venden a su patria por una sonrisa amistosa de un diplomático de EEUU.

Supongo que además de la sonrisa amistosa tendrán más compensaciones por su traición, ya que si como quieren hacernos creer ellos no han ganado otra cosa, además de traidores son imbeciles perdidos.

Pero claro eso de que todo es falso, de que ellos no se han comido una rosca, podríamos creerlo si no hubieran ya tantos y tantos precedentes en contra.

Mi opinión en este caso es que una parte de los casos descubiertos son ambas cosas, traidores e imbeciles.

Algunos y posiblemente esos sean pocos, tendrán nutridas cuentas secretas en lugares seguros y recónditos, lo de Suiza era más cómodo, pero ya no se lleva porque los suizos se han aficionado al “canto”.

Pero en verdad la mayor parte haya traicionado por puro snobismo, ego y también, porque no, por hacer la “pelota”. Servir al AMO siempre ha estado de moda entre los incapaces.

Mentiras y más mentiras están saliendo al descubierto, una y otra vez, en un caso y en ciento descubrimos con vergüenza como se turnaban en mentir al pueblo con respecto a casi cualquier cosa, prácticamente todo lo importante se hacia a escondidas.

Guerras, crisis económicas, terrorismo, todo lo que nos decían es falso en su mayor parte. O al menos sino todo, si mucho de lo que nosotros tomamos como artículos de fe.

Presuntamente hay numerosos traidores, imbeciles y mentirosos, especialmente esa tropa es numerosa y notable en Europa en general y en España en particular.

Yo no digo que ni todos los políticos ni todos diplomáticos son traidores, imbeciles ni corruptos, solamente digo que “presuntamente muchos lo son”.

Está de moda la presunción de inocencia entre la CASTA PARASITARIA  que nos oprime y explota.

Ellos conocen las leyes, unas leyes que protegen más a los culpables que a las victimas, unas leyes en muchos casos injustas, unas leyes que dejan amplios huecos para que los “presuntos” se escapen de rositas, pero claro para eso están hechas.

Ya saben amigos, el nuevo nombre de moda es Presunto, muchas mamas de la CASTA PARASITARIA están pensando con ponerle ese nombre a sus hijos no natos, de esta forma podrán dedicarse a la política, a la diplomacia, a la banca y a otros dignos oficios sin estar diciendo continuamente que ellos son “presuntos” esto o aquello.

Que se note el poderío, que digan yo soy Don Presunto, así sin apellido y que todos los vasallos se pongan a temblar y a cogerse la cartera, de todas formas ya no habrá que preocuparse por los Donuts, nadie tendrá un euro para esos lujos.

Si yo fuera un Don Presunto se me caería la cara de vergüenza por la incapacidad manifiesta de la que han dado muestra en el caso Wikileaks.

En especial los máximos responsables de los Servicios Secretos de EEUU y de la Secretaria de Estado de EEUU, me pregunto a que espera la señora Clinton para renunciar, a que espera Obama para cesarla.

Posiblemente toda la campaña electoral de EEUU sólo sea una película, cuyo guión estuviera ya hecho mucho antes por los hábiles guionistas de la CASTA PARASITARIA de EEUU, tal vez OBama y la señora Clinton no sean más que hologramas al igual que Ben Laden, tal vez estemos en Matrix X, tal vez incluso seamos parte de un video juego que juegan niños de otras dimensiones mucho más complejas.

En verdad seria muy triste que sólo seamos victimas de un timo, que nos timen presuntos traidores, imbeciles y mentirosos, eso si que no tendría perdón de Dios, eso nos dejaría a los ciudadanos del mundo a un nivel muy bajo, quedariamos como algo despreciable, como algo desechable, en fin como algo sin valer y a exterminar con el hambre, la guerra y las enfermedades, un residuo a eliminar por las cloacas de la historia.

Y yo les pregunto, ¿creen acaso que la CASTA PARASITARIA nos considera otra cosa?

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