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El litio es en su forma pura, un metal blando, de color blanco plata, que se oxida rápidamente en el agua y en el aire.

Es el elemento sólido más ligero, su densidad es la mitad de la del agua y se emplea especialmente en aleaciones conductoras del calor, en baterías eléctricas y, sus sales, en el tratamiento de la depresión.

Al igual que los demás metales alcalinos es univalente y muy reactivo por lo que no se encuentra libre en la naturaleza.

Actualmente la mayor parte de las baterías para uso en dispositivos electrónicos están hechas de litio.

El crecimiento acelerado en el uso del ion-litio ha provocado que una tonelada de litio suba su precio, desde los 350 dólares que costaba en 2003 hasta los 3.000 dólares en 2009.

Las baterías de litio se han convertido en la mejor esperanza para reemplazar a los contaminantes combustibles fósiles y el Salar de Uyuni, en Bolivia, concentraba la mitad de la reserva mundial de ese mineral, si bien acaba de descubrirse un yacimiento de importancia parecida en Afganistán.

El litio ha resultado ser un elemento fundamental para la economía del futuro, así se empieza a comprender el interés de EEUU por un dos países, Afganistán y Bolivia, que en si no son importantes.

Hasta la fecha hay cuatro empresas interesadas en explotar esta reserva que han tomado contacto con el gobierno de Bolivia: las japonesas Mitsubishi y Sumimoto, el industrial francés Vincent Bolloré y la surcoreana LG Chem Ltd., que fabricará las baterías de ión-litio para la General Motors.

El Gobierno boliviano también está interesado en esta explotación, aunque a condición de que el litio se exporte industrializado en forma de baterías, incluso según el Ministro de Minería boliviano, Bolivia estaría interesada en crear una industria de automóviles que funcionen con baterías de litio.

Si Bolivia planteara bien sus objetivos, sería posible desarrollar una industria del litio, que permita generar un amplio valor añadido, incluso hasta llegar a diseñar y fabricar las baterías de vehículos, móviles, etc., en suelo boliviano.

Esperemos que se lo permitan, esperemos que estas esperanzas no mueran entre los disparos de un golpe de estado o de una guerra de agresión, algo a lo que ya estamos tan acostumbrados.

Según las últimas informaciones, en el subsuelo de Afganistán existe un tesoro en forma de litio por valor de un billón de dólares.

La explotación del litio afgano tendrá que esperar a que se pacifique el país, al menos en las zonas que tienen dichas minas.

No será muy difícil la pacificación, sólo cuestión de unos cuantos miles de mercenarios más, sólo cuestión de unos cuantos cientos de miles más de afganos muertos.

En todo caso, descubrimientos como el realizado en Afganistán ayudan a entender mensajes como el que le costó el cargo al presidente alemán Horst Kholer.

Éste aseguró que, “en casos extremos es necesaria la fuerza militar para asegurar nuestros intereses, por ejemplo la salvaguarda de nuestras rutas comerciales”.

Supongo que estaría incluido en el paquete tanto el litio, como el gas y el petróleo del Turquestán.

Además no olvidemos que Afganistán dispone de enormes reservas sin explotar de hierro, cobre y cobalto.

Afganistán tiene potencial para convertirse en el principal centro minero del mundo, eso no tardará mucho en empezar a notarse y junto con el control del opio, permitirá a EEUU hacer de la ocupación de Afganistán un magnifico negocio, aun mejor que el de la ocupación Irak, aunque posiblemente menor que el de la futura ocupación de Irán, que también está prevista en los planes del Pentágono para dentro de unos años, cuando las sanciones lo debiliten, como sucedió con Irak.

Todos estos planes podrían venirse abajo, si la corrupción de unos y otros los hacen inviables.

En realidad puede pasar cualquier cosa, la historia siempre la escriben los vencedores años después y nunca es la verdad de lo sucedido, sólo un cuento para niños, o para nosotros los ciudadanos que somos tratados como tales.

Yo de todas maneras por si acaso recuerdo, ¡OJO CON CHINA QUE ESTÁ AL LADO!

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